¿QUÉ TIENE QUE VER EL MARTILLO DE THOR CON MI VIDA?

19.4.20

Karen Szymanski

Para quienes me conocen bien saben cuánto amo las películas de Marvel, y sobre todo el personaje Thor, aparte de ser apasionada por el personaje, lo que más admiro de las películas de Thor es la historia y como a lo largo de ella el personaje va desenvolviendo humildad y un buen carácter para volverse digno de usar su amado martillo el Mjölnir.

Si todavía no viste la película, tienes que verla, es buenísima, pero te cuento un poco de lo que importa:

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Thor hijo de Odín, es un joven valiente, lleno de batallas victoriosas, amigos guerreros que lo ayudan a vencer el mal y ahora es momento de que se vuelva rey de Asgard, pero justo el día que eso sucedería los enemigos del reino de Asgard irrumpen en el castillo y Thor no puede ser coronado, lleno de rabia va a los enemigos para desafiarlos, quebrantando una orden directa de su padre, cuando es descubierto su padre lo castiga expulsándolo de Asgard y quitando el martillo que era casi como que la fuente de su poder, pues según Odín: Thor ya no es digno. Al haber demostrado semejante desobediencia, al haber sido tan arrogante, Thor ya no es digno y a lo largo de la película él lucha por ganarse de nuevo esa dignidad, ocurre una pelea con su hermano, un romance, y otros detalles que dejaré que investigues.

Pero al final y como ya habrás percibido “SPOILER”: Thor se vuelve una persona más humilde, interesada en el bien de los demás, y es digno del Mjölnir, otra vez.

Sí, es una película que me gusta mucho, pues como explique antes el proceso de ver a este personaje crecer en carácter, es algo muy admirable. Pero ¿qué tiene que ver eso con mi vida?

Hoy vengo a hablarte de la salvación; te lo voy a ilustrar: Supongamos que el martillo de Thor es la salvación y yo soy Thor (tú también); en la vida aprendemos muchas veces que si nos portamos bien, que si somos humildes, que si pensamos en los demás antes que en nosotros, si damos un plato de comida, si vamos a la iglesia, somos dignos de admiración y de tener una vida buena, inclusive una vida eterna. Pero en la biblia dice: ¡Que ninguno es digno!

“No hay un solo justo, ni siquiera uno; no hay nadie que entienda, nadie que busque a Dios. Todos se han descarriado, a una se han corrompido. No hay nadie que haga lo bueno; ¡no hay uno solo!” (Romanos 3.10-12)

Si la salvación fuera como aquel martillo, no lo levantaríamos jamás, no podemos, es imposible, no somos dignos.


A diferencia de Thor, tú y yo nacimos indignos y jamás podríamos ganarnos siquiera la oportunidad de levantar ese martillo (ganarnos la salvación). No nos merecemos nada, solamente el castigo eterno, pues pecamos, le faltamos el respeto a Dios, le desobedecimos, nacimos, y desde ese momento somos pecadores, no hay nada que podamos hacer para volvernos dignos, pues la biblia dice que estamos muertos en nuestros delitos y pecados, y un muerto ¿qué puede hacer?

“En otro tiempo ustedes estaban muertos en sus transgresiones y pecados, en los cuales andaban conforme a los poderes de este mundo. Se conducían según el que gobierna las tinieblas, según el espíritu que ahora ejerce su poder en los que viven en la desobediencia. En ese tiempo también todos nosotros vivíamos como ellos, impulsados por nuestros deseos pecaminosos, siguiendo nuestra propia voluntad y nuestros propósitos. Como los demás, éramos por naturaleza objeto de la ira de Dios” (Efesios 2.1-3)

Mas, la historia no termina ahí si continuamos leyendo los versículos que siguen a el pasaje anterior, tenemos una hermosa trama:

“Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados! Y en unión con Cristo Jesús, Dios nos resucitó y nos hizo sentar con él en las regiones celestiales” (Efesios 2.4-6)

Sí, el que es la vida (Juan 14.6) se hizo hombre (Filipenses 2.5-11) y vino a habitar en nosotros para tomar nuestro castigo sobre sus hombros y murió por nosotros pagando un precio que era impagable, siendo inocente se entregó por amor (Romanos 6.23) resucitó para mostrarnos que venció a la muerte y que para nosotros ya no ha condenación (Romanos 8.1).

¿Crees esto? ¿Crees que Cristo te salvo por amor? ¿Qué no hiciste nada para merecer semejante amor, sólo fue por gracia? Gracias a Él hoy podemos acercarnos a Dios y tener una nueva vida, una en la cual el pecado ya no tiene poder sobre nosotros, donde la vida tiene finalmente sentido pues ahora vivimos para lo que fuimos creados, vivimos para darle la gloria al Señor (Romanos 11.36).

Ahora nosotros somos dignos, ahora podemos acercarnos a Dios, pues Jesús nos reconcilió, nos redimió, por medio de él hoy nuestra vida tiene sentido.

“Todo esto proviene de Dios, quien por medio de Cristo nos reconcilió consigo mismo” (2 Corintios 5.18a)

No, no somos como Thor, no somos dignos; no somos dignos de la salvación, por mí misma jamás llegaría a nada, pero gracias a Jesús, hoy yo soy hija de Dios, él me dio su amor, por su misericordia hoy soy lo que soy y estoy eternamente grata por eso, pues no lo merezco. Mi vida le pertenece y puedo relacionarme libremente con Él.

“Así que, hermanos, mediante la sangre de Jesús, tenemos plena libertad para entrar en el Lugar Santísimo, por el camino nuevo y vivo que él nos ha abierto a través de la cortina, es decir, a través de su cuerpo; y tenemos además un gran sacerdote al frente de la familia de Dios. Acerquémonos, pues, a Dios con corazón sincero y con la plena seguridad que da la fe, interiormente purificados de una conciencia culpable y exteriormente lavados con agua pura. Mantengamos firme la esperanza que profesamos, porque fiel es el que hizo la promesa” (Hebreos 10.19-23)

¿Y tú sabes que ahora eres hija de Dios, y que quien define quién eres es Él? Te invito a que reflexiones en Juan 1.12, para que entiendas quién eres una vez que crees en Cristo. Deja tus comentarios... 

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Texto para leitura em portugués.

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